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La crisis económica y financiera que afectó al mundo durante todo el 2008 y 2009 repercutió de forma severa a la población con menores recursos en México. Si bien el ingreso en general disminuyó para todos los deciles, tal como lo indica el INEGI en la presentación de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), la reducción en el ingreso es proporcionalmente mayor para los primeros deciles.
La Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) presentó, en julio del 2009, un informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en el cual dan a conocer la medición de la pobreza 2008.
De acuerdo con la metodología adoptada por el Coneval, la información de pobreza dada a conocer parte de una medida del ingreso de los hogares y la capacidad que tienen éstos para adquirir cierto conjunto de bienes.
En este sentido, el Coneval informó que 14.3% de los hogares (18.2% de las personas) se encuentran en pobreza alimentaria, 20.1% de los hogares (25.1% de las personas) están en condiciones de pobreza de capacidades (incluye a aquellos en pobreza alimentaria) y 40.2% de los hogares (47.4% de las personas) viven en condiciones de pobreza patrimonial (incluye a aquellos en pobreza alimentaria y de capacidades).
Estas cifras indican un aumento en el número de mexicanos que no cuentan con el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades básicas.
La medición de pobreza se basa en dos elementos: uno, el medir el ingreso de una familia, y dos, el costo de diversas canastas de productos y servicios.
El nivel de la pobreza medido utilizando la metodología del Coneval está estrechamente ligado con las fuentes de ingreso y es particularmente sensible a la situación económica en general, por ello un entorno severo de recesión económica internacional genera afectaciones en las mediciones de pobreza.
En particular, la ENIGH, observa una reducción importante en materia de remuneraciones al trabajo subordinado entre los más pobres, pero también disminuciones en otras fuentes de ingreso, como son las remesas y el ingreso corriente no monetario, mientras que uno de los rubros que muestra crecimiento es el de las transferencias gubernamentales.
Otro factor importante que se debe tomar en cuenta para los resultados que presenta el CONEVAL, es que en 2008 México enfrentó también un alza internacional en el precio de alimentos y algunos productos de la canasta básica.
Ello implicó que el costo de los bienes comunes que consumen las familias mexicanas y la que se utiliza para realizar las mediciones de pobreza por parte del Coneval, presentaran incrementos importantes.
De esta manera, la combinación de dos factores determinados internacionalmente: una crisis económica que reduce el ingreso de los hogares y el alza en el precio de los alimentos y otros productos, afectaron de manera más severa a las personas que menos tienen y generó el incremento observado en los niveles de pobreza.
Necesidades particulares
Es complicado imaginar que la mayoría de la población de un país emergente con el potencial de crecimiento de México se encuentre en situaciones precarias, pero más aún lo es pensar en la forma de enfrentar el reto.
La mayor parte de los desposeídos, 23.6 millones, viven en las zonas urbanas (Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla, y Tijuana); mientras que los 21 millones restantes se encuentran en el medio rural, particularmente en los estados del sur (Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Yucatán), además de otras entidades del centro y occidente del país, entre ellas Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala y Michoacán.
El panorama general no puede quedar completo sin ver los indicadores particulares, los cuales permiten ver la magnitud de la situación.
En plena era de la información, el 7.7 por ciento de los mexicanos no sabe leer ni escribir, mientras que el 54.5 por ciento carece de servicios médicos en la medida en que no está inscrito a ninguno de los esquemas de seguridad social.
Esto último es de vital importancia, en un momento en que la población se encuentra en proceso de transición demográfica; actualmente, la esperanza de vida supera los 70 años para los hombres y los 75 para las mujeres.
También es de llamar la atención sobre la insuficiencia de servicios públicos para la población vulnerable: 10 por ciento de las viviendas carece de agua potable, 13 por ciento no tiene drenaje, al tiempo que 30 por ciento de las construcciones están hechas con materiales precarios.
Lo anterior exige de las autoridades federales y locales un gran esfuerzo de ingeniería financiera y administrativa para llegar a los grupos más vulnerables y atender adecuadamente sus necesidades específicas.
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