El 21 de febrero concluye la fiesta de “adiós a la carne” en ciudades mexicanas como Veracruz, Mazatlán, Culiacán, Campeche, Ensenada, Acapulco, Manzanillo, Villahermosa, Cozumel, Mérida, Tlaxcala y Morelos. En la mayoría de estos destinos, la fiesta se celebra con la quema del mal humor, comparsas de personas enmascaradas, desfile de carros alegóricos y del Rey Feo, juegos pirotécnicos, combate de flores y bailes. Por ejemplo, en el carnaval de Veracruz se realizan más de 60 actividades, entre las cuales destacan seis desfiles de color, alegría y baile que recorren tres y medio kilómetros en la capital y un kilómetro en Boca del Río en un desfile de tres decenas de carros alegóricos, así como más de 50 comparsas, 12 batucadas, cinco grupos de bastoneras, bandas de música y academias de baile. En la ciudad amurallada de Campeche los festejos inician con la quema y el funeral del mal humor. A partir de ahí, arrancan los desfiles de carros alegóricos, comparsas y las guerras de pintura entre jóvenes y niños. Del otro lado del país, en Mazatlán, la Fiesta de los imperios inicia con la velada de las artes, los juegos florales, la coronación de las reinas y conciertos. La comunidad de Ocozocoautla, poblado chiapaneco ubicado a 30 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, conserva el sincretismo prehispánico y cristiano con el baile de máscaras. Tanto la capital de Tlaxcala como las poblaciones de Huamantla, Papalotla y Totolac realizan cantos y rezos antes de los bailes de máscaras, concursos, bailes populares y juegos pirotécnicos. La celebración de carnaval se remonta a ritos griegos y romanos dedicados a pedir a los dioses fertilidad y buena cosecha. La fiesta se fortaleció durante la Edad Media, sobre todo en Venecia, y se extendió a las ciudades de Roma, Florencia, Turín y Niza, para luego cobrar esplendor en Francia.
(Mexican Business Web con información de Tiempo Libre)